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Bélgica
constituye desde hace mucho tiempo un centro de intercambio muy
activo. Gante es una ciudad próspera desde el siglo XII gracias
al comercio del textil. Brujas, también gran centro textil
desde el siglo X, se convierte, durante el siglo XIII, en un polo
importante del comercio internacional. Amberes le sustituye a partir
del siglo XV y llega incluso a convertirse, durante el siglo XVI,
en una placa giratoria del comercio europeo y asiático. Por
otra parte, en el siglo XIX, los industriales valones exportan al
mundo entero.
La propensión al comercio internacional se explica por la
situación geográfica de Bélgica y por el pequeño
tamaño de sus mercados internos. La salud de su economía
depende, pues, fuertemente de la de los demás países
desarrollados y, en particular, de los más cercanos. Las
inversiones extranjeras son igualmente muy importantes. Así,
las dos terceras partes de las 100 primeras empresas dependen actualmente
de centros de decisión ubicados en el extranjero. Esta situación
plantea el problema de la autonomía de estas empresas con
respecto a su casa matriz con las ventajas y los inconvenientes
que eso conlleva.
Internacionalización en tres etapas
La primera se produjo entre las dos guerras mundiales. Se caracteriza
por la creación de fábricas (GM, Bell Telephone, Philips,
Siemens, Renault) que procuran evitar los efectos negativos de las
barreras arancelarias y de las restricciones que obstaculizan el
acceso al mercado belga. Luego, tenemos la fase de los "dorados
sesenta" de los que se beneficiaron principalmente Amberes
(Monsanto, Bayer, BASF, ...) y algunos centros más como Gante
(Volvo), Genk (Ford), Gosselies (Carterpillar), Feluy (Chevron),
Namur (Kraft), Lieja (Burrough)y otros. La tercera ola surge en
1980. Se caracteriza por operaciones principalmente financieras,
observándose numerosas adquisiciones de empresas belgas:
Glaverbel, Tirlemont, Côte d'Or, Générale de
Banque,
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