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Bélgica
goza de una muy larga tradición de negocios. Además,
sus fronteras reducidas le obligan a abrirse al mundo, a tal punto
que sus exportaciones e importaciones por habitante le colocan en
el primer puesto mundial. Sus movimientos económicos están
obligatoriamente vinculados de manera muy estrecha a las fluctuaciones
de los países cercanos. A la par de otros países,
la estructura de sus actividades se ha modificado profundamente.
En efecto, durante los últimos treinta años, Bélgica
se ha desindustrializado fuertemente mientras que, al mismo tiempo,
el sector de los servicios experimentó un incremento prodigioso.
La distribución regional y local de las actividades experimentó
igualmente mutaciones considerables. Todos estos cambios influyen
evidentemente en los problemas de desempleo y de saneamiento de
las finanzas públicas.
Dos problemas importantes: el desempleo y el déficit
público
A pesar de una reciente mejora, el índice de desempleo sigue
siendo relativamente elevado. A la par de otros países, el
porcentaje varía fuertemente según el sexo y la región.
Afecta más a las mujeres y es más notable en Valonia
y Bruselas que en Flandes. El déficit público constituye
otro problema importante de Bélgica. Muy elevado hasta el
año 1993, ha iniciado una curva descendente gracias a varios
severos planes de saneamiento y el equilibrio presupuestario ha
sido alcanzado en 2002. Junto con las restricciones presupuestarias,
una gestión eficaz de la deuda pública ha permitido
una importante reducción de este endeudamiento.
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